"Lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir"
John Maynard KEYNES (1883-1946)
Continuando con ideas disparadoras de economistas, hace unos días apareció la de Pablo Gerchunoff ("
en la etapa de crecimiento está la semilla de la caída"), a la hora de escribir este post decidí inspirarme en Keynes, uno de mis economistas favoritos.
Lo que más me gustó siempre de Keynes fue su originalidad a la hora de resolver un problema concreto, levantó la mirada del libro y observó la realidad, visualizó las disfuncionalidades y las solucionó de una forma diferente, pero no cambió todo de raíz. Reformó la casa pero dejó los cimientos.
Cada vez estamos más conectados y eso nos lleva a compartir ideas, proyectos y de ahi muchas veces nace un emprendimiento, buscando así poder
"ganar el pan con el sudor de la frente", pero disfrutando de lo que uno hace; concretar ese sueño loco y verlo crecer es una tarea titánica que uno inicia con todas las ganas y el empuje. Todo esto suena muy lindo, hasta romántico diría yo, pero el día a día no siempre es tan idílico, porque podemos sufrir cortocircuitos en el camino. Si vamos a los libros (como hicieron los clásicos) nos encontramos con las herramientas básicas: plan de negocios, análisis FODA, visón, misión, etc., pero cuando tenés que enfrentarte a tus proveedores, clientes, compañeros y hasta
a vos mismo, muchas veces se nos queman los papeles y terminamos apagando incendios para poder sobrevivir, desviándonos sin encontrar un GPS que nos vuelva a la ruta.
Como vaticina la frase inicial, nosotros podemos y debemos prepararnos para lo inesperado ¿cómo lo hacemos?, ante todo planteando estrategias claras, concretas y alcanzables. Está bárbaro soñar, a todos nos gusta, pero es fundamental plasmar una meta visible y poder volver a ella luego de enfrentar alguna situación problemática que nos pudo haber desviado de la misma.
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En el idioma chino,
la palabra “crisis”
(危机, wei ji), se
compone de
dos ideogramas: Wēi (危) que se traduce como “peligro”
y Jī (simplificado: 机) se puede traducir como “chance” u “oportunidad”.
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La intuición es fundamental, pero también es importante poder sustentar nuestras corazonadas con fundamentos científicos, libros, publicaciones y, sobretodo,
escuchar a los que más saben.
Nunca jamás olvidarse de que
en cada problema hay una oportunidad, y si algo salió mal, es esencial sentarse a elaborar un análisis crítico (no inquisidor) de lo que hicimos para poder actuar mejor ante situaciones semejantes... eso sí, no hay que dormirse en los laureles porque puede que no haya
próxima vez si los errores son recurrentes, cuasi crónicos. Una forma de evitar esto es realizar reuniones documentadas. Al volcar al papel las conclusiones las cosas se clarifican.
Al escribir este pequeño artículo me pareció sumamente ambicioso ofrecer respuestas. Estas líneas son un simple aporte que, espero, sea de utilidad a la hora de enfrentar las tempestades de los emprendores.